28 de abril

Se acerca el día de las elecciones a la presidencia del gobierno de España y no encuentro un partido con el que me identifique; es más, creo que, de los partidos con más opciones a tener representación parlamentaria, sólo uno de ellos tiene las ideas muy claras, por ello está en boca de todos.

La derecha está más plural que nunca y están jugando una partida a la que no estaban acostumbrados puesto que daba igual quien estuviera al frente ya que su electorado votaba al Partido, al único partido. Ahora tocará negociar, y a eso el patrón no está acostumbrado, porque él manda y ordena, no dialoga.

El partido llamado a gobernar la izquierda no tiene quien le gobierne, o mejor dicho él sólo quiere gobernar, cueste lo que cueste. Ya lo hizo en una ocasión. La iniciativa venida de la calle como propuesta nueva ya no lo es, se apoya en un “líder” que apuesta por su imagen como reclamo de votos. Ya no existen asambleas ni participación en la calle, es lo que el cacique plantea, ordena y manda. Me resulta curioso que el partido con más participación ciudadana haya sido incapaz de presentar una candidata a la presidencia, eso sí hubiesen sido hechos y no palabras. Por no hablar de mi antigua querida Izquierda que no está unida sino disuelta, gracias a un líder que no quiso arriesgar sino replegar las huestes.

Los partidos nacionalistas tampoco presentan un ideario claro. Ya no son noticias los separatismos, independentismos… sino que están al acecho de ver lo que ocurre para “negociar”. Porque esto es lo que no están acostumbrados a hacer nuestros políticos, puesto que sus ciudadanos tampoco lo sabemos hacer. Ya no hay dia-logos sino que en los debates se imponen los insultos, los gritos y la no escucha del que está hablando contigo. Corren tiempos en los que no se participa ni en las reuniones de vecinos, las asambleas de socios… eso ya lo harán otros y luego sí, protesta tras protesta. Esto se traslada a los campos de fútbol de adultos, niños…

Otra reflexión que me surge es la de “¿dónde están los ancianos, nuestros mayores?” Ya los griegos tenían un consejo de ancianos que formaban el senado, la gerousía, en la que se apoyaban para la toma de decisiones. Hoy en día nos hemos olvidado de nuestros mayores a no ser que sea para cuidar de nuestros hijos o para que puedan llenar las residencias de ancianos (geriátricos) y así estar cuidados y dejarnos descansar. Ya no se ven a los ancianos en los bancos de los pueblos hablando sobre la vida, a mí me encantaba sentarme con mi abuelo en Ciñera y escuchar cómo hablaban de la vida, de lo que les había llevado hasta allí, y yo como espectador privilegiado. En estas elecciones no hay hombres mayores, sólo gente joven, todos los candidatos jóvenes y guapos aunque insuficientemente preparados, fiel reflejo de nuestra sociedad en la que una imagen vale más que mil palabras.

Como votante estoy en un momento que jamás me hubiese planteado, en una encrucijada. Como ya he escrito en otras ocasiones me considero una persona de izquierdas en cuanto a los planteamientos políticos y cristiano en cuanto a la manera de ponerlos en práctica, tanto en mi ámbito personal como comunitario. Considero que el comunismo cristiano es la mejor manera de poder poner todo en común y de presentar un estilo de vida que ya triunfó, el del amar hasta el extremo, estamos ahora celebrando la Pascua durante 50 días nada menos.

Como cristiano sólo la derecha parece tener cabida para mí. La izquierda no parece estar por la labor de acogernos en su seno, ni siquiera de permitirnos acercarnos a esos planteamientos tan nuestros. Es cierto que en la Iglesia Católica existen planteamientos de todo tipo y que hay personas que entienden su cristianismo de diferente modo, igual que su vida política. Quizá es el momento de plantear un partido cristiano de izquierda que nos permita dar voz a muchas personas que todavía no han descubierto diferentes vías para poder vivir de un modo más acorde lo que viven en la fe. Jesús nos encargó “id y predicad la Buena Noticia” no nos dijo cómo pero sí nos dio un ejemplo de vida para poder llevarlo a cabo.

Echo el guante para que alguien pueda recogerlo, o quizá yo mismo tenga que hacerlo. Hasta entonces mi voto de este domingo será en blanco, como está mi cerebro ahora tras tanta propuesta vacía y hueca, ante tanto insulto y poca propuesta.

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