Ya ha concluido la Semana Santa y vuelven las mismas cantinelas de siempre, las que precedieron el Domingo de Ramos y concluyen tras el Domingo de Resurrección.

La principal queja parece venir de la “ocupación” de las calles por parte de papones, cofrades, pasos, bandas musicales… que durante esta semana procesionan con mayor o menor devoción (cada uno la suya) por la ciudad de León. Estas procesiones son catequesis o explicaciones de lo que ocurrió hace 1984 años en las calles de Jerusalén, en las que se pueden ver el calvario que tuvo que padecer Jesús de Nazaret. Hasta aquí creo que esto es válido, tanto para creyentes como para los que no lo son.

Las procesiones vienen organizadas por distintas cofradías (creo que 16 en León) cuyo fin no es la procesión en sí misma sino el bien social; para eso se instituyeron, llegando con sus actos a donde el Estado no llega, o no quiere llegar. Las cofradías surgen para ocuparse de los más necesitados, de aquellos que necesitan de su acción social.

Bien es cierto que las calles se llenan y que se “distorsiona” el tránsito habitual, pero ¿no ocurre lo mismo cada vez que hay un partido de Champions? ¿No sucede lo mismo cuando se celebra una maratón popular o de competición? Las calles se cortan durante un tiempo, durante unas fechas; y en detrimento del fútbol he de decir que normalmente acuden a esos eventos desalmados, cabestros, que se dedican a destrozar el mobiliario, a insultar a los transeúntes, a las personas de las ciudades que visitan… Eso todavía no lo he visto en ninguna procesión,  al menos en las de León. Las cristianas que enseñan y viven otros valores; porque algunos de esos desalmados sí acuden a otras “procesiones” en las que se destroza mobiliario, se ensucian las calles o acaban a navajazos.

Mi deseo es que todos podamos convivir en espacios comunes, cediendo en cada ocasión al evento que se celebre. Me duele especialmente las anquilosadas críticas desde Izquierda Unida o Podemos o como quiera que se llamen ahora (lo han dejado tan irreconocible que no me puedo  identificar en ninguno) en contra de la Navidad, de la Semana Santa, la Enseñanza Religiosa (que no católica)… en un lenguaje demasiado trasnochado. Es cierto que toda crítica es buena pero adaptada a su tiempo y con el fin de mejoría.

Estos eventos dan a conocer las ciudades, dan beneficios a los hosteleros, sensibilizan a personas, alegran a otras muchas… Dejemos y aboguemos por un espacio público, tópos koiné, en el que poder ser dialogantes y respetuosos.

 

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