La insoportable levedad del ser

No va a ser esta entrada un análisis o comentario al fantástico libro, de igual nombre, de Milan Kundera; pero sí lo tomo prestado para poder iniciar estas palabras.

Hoy no es un día cualquiera, puesto que hace ya un lustro Kronos se detuvo y pasó a ser menos importante en la vida de una familia. Es cierto que sigue con su transitar, con su paso meticuloso, lento pero firme, segundo a segundo. Hace cinco años experimentamos la levedad del ser.

Son muchas las experiencias de enfermedad, de debilidad que durante nuestras vidas experimentamos, pero cuando Thanatos viene a visitarnos de cerca el tiempo se para. Llega entonces Aión y todo se detiene, el tiempo no corre, nos pitan los oídos, nos paralizamos y ralentizamos, nos hablan y casi no podemos escuchar. Experienciamos la parte más humana, la más débil en ese Aión, y de ahí no podemos escapar; nos perseguirá siempre, porque Kronos no cura, simplemente pasa.

Mediante Kronos vemos crecer a nuestros hijos, seguimos yendo a nuestros trabajos, o esperamos a que pase el día a día con el único consuelo de sentirnos útiles. Pero permanecemos en el Aión, en ese recuerdo, en ese pensar, en ese legado que Thanatos jamás nos podrá arrebatar. Por momentos se vuelve insoportable pero nos acompañará durante nuestra vida con la esperanza de poder llegar al Aidón, al tiempo eterno en el que confiamos. Los cristianos lo llamamos Resurrección, Paraíso, y allí nos esperamos volver a encontrar con nuestros seres más queridos, aquellos que nos hicieron sentir cada Aión en nuestra vida, de los que seguimos bebiendo, sintiendo, riendo.

Hoy Kronos me entristece en la insoportable levedad de hace cinco años, me hace recordar más momentos de levedad de otros seres; pero no podrá arrebatarme el Aión de todos ellos, de uno hoy en especial. Confío en el Aidón del reencuentro y la sonrisa. Un abrazo enorme.

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