In and out

Con esta entrada quiero haceros partícipes de una parte de la ponencia a la que asistí el pasado día 13 en el salón de actos del Ayuntamiento de León, cuyos ponentes eran Francesc Torralba y José Luis Escribano. Por deformación profesional voy a referirme al primero.

De Francesc Torralba me ha impresionado su manera de comunicar, de expresarse. Si alguien hecha un vistazo a sus publicaciones verá la cuantía; de su biografía resaltaría que a los 23 años ya estaba impartiendo docencia en la universidad, tras realizar una tesis doctoral (aprendiendo danés inclusive) sobre Sören Kierkegaard. Pero no es la adulación hacia Francesc lo que me ha movido a escribir hoy.

Como el título indica se habló el pasado sábado de la exterioridad y la interioridad. La exterioridad como aquello que nos llega por medio de los sentidos, aquello que es dinámico y fácilmente educable. Sería la fachada del edificio.

Para hablar de la interioridad, de los cimientos y el interior del edificio, recurrió a San Agustín presentando los tres niveles de interioridad: memoria, voluntad e inteligencia. La memoria evoca al recuerdo, al arraigo, y genera confianza, proporciona seguridad; y esto es más tangible cuando se hace presente su pérdida. La voluntad es el querer y el desear, e implica movimiento y se percibe cuando no aparece en la apatía, la indiferencia, la rutina, el desánimo… Por último la inteligencia, como el saber escoger, la capacidad para entender y comprender, de resolver problemas; también el desarrollo de habilidades, destrezas y experiencias.

A estos tres niveles Francesc Torralba añadía un cuarto, la imaginación. Hoy en día se coarta la imaginación de los niños, la creatividad. La imaginación nace de lo fantástico, de la unión entre el sueño y la realidad. Cuando se imagina se crea, cuando hay pantalla hay un niño a la intemperie.

Estos niveles se interrelacionan e interactúan por medio del lenguaje, de la comunicación verbal y no verbal. La palabra cultivada que permite expresarse (para eso sirven las Humanidades “señores ministros”) pues un lenguaje limitado provoca una vida limitada. El lenguaje no verbal, en las caricias, abrazos, miradas…

Este material ha contribuido a que esta mañana pudiera desarrollar un punto en mi ponencia en las II Jornadas de Educar con Estrella en la Facultad de Educación de la Universidad de León. Mi deseo es que también te pueda valer a ti, lector o lectora de este blog.

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