El no debate

Ayer en un segundo plano y mientras leía “El crepúsculo de los ídolos” de Nietzsche, trataba de seguir el pseudodebate que se producía en Atresmedia. Me refiero en estos términos porque desde mi punto de vista el formato no era el más apropiado, con los participantes de pie, sin saber qué hacer con sus manos, pies, cuerpos… No entendí los “atriles” inutilizados ni los taburetes en la parte de atrás de los participantes.

El debate ha de surgir de forma espontánea, sentados, en un ambiente relajado en el que poder hablar, compartir… en fin, estar cómodos para poder hablar de lo que propones, de tus ideas, con ánimo de compartir y no imponer.

¿Dónde quedó la improvisación? Todo estaba perfectamente medido, estudiado, el tiempo, la vestimenta, el mensaje ante las preguntas pactadas. ¿Para qué el público si no participa? Si tan buena es la nueva tecnología ¿por qué no se permitió utilizarla?

Demasiados interrogantes, demasiadas palabras, sin mensajes, sin credibilidad… Creo que los grandes beneficiados han sido los ausentes, IU, UPYD… Eso sí no van a contar con la publicidad y la vuelta y revuelta que se va a dar de todo esto durante los siguientes días. ¿Los programas políticos de cada uno? Vah, eso es muy largo de leer y de defender, mejor más farándula, más dominó, visitas a residencias de ancianos, quién ganó y quién perdió…

Será que esto no es lo mío, mejor me vuelvo a Nietzsche, quizá todo se pueda hilvanar y entender con el nihilismo activo de Vattimo. Seguiré estudiando e informando sobre lo que extraiga de ello.

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Lo tremendo y lo fascinante

Lo tremendo y lo fascinante

Ambos términos son empleados por R. Otto en su obra “Lo Santo” para refererirse al Misterio, un Misterio que tiene su antesala en lo Oculto. Lo oculto no aparece, permanece en lo ignoto y puede comenzar a atisbarse en cuanto el misterio se revela o es revelado.

Esta imagen de lo oculto que se revela ha acompañado al ser humano durante su vida y quizá, en el “mundo occidental”, sea más visible en los oráculos de los templos griegos, en los que por medio de la pitia se revela el oráculo del dios.

Ante esa revelación del misterio el ser humano responde desde lo tremendo, ya que esa experiencia le trasciende y le supera. Ese sentimiento hacia lo tremendo le hace caminar de un modo más humilde, que no sumiso, puesto que lo revelado es más grande que lo que jamás ha pensado, sentido o vivido.

En cuanto a lo fascinante es lo que hace que el ser humano se ilusione y entusiasme tras su experiencia mistérica. Lo fascinante deslumbra, motiva y hace que uno se ponga en marcha.

Para los cristianos es tiempo de Adviento, de despertar, de dejarse seducir por lo tremendo y lo fascinante que se adviene. Para los no cristianos siempre es buen momento para dejarse empapar por cualquier misterio, por cualquier revelación de lo oculto que cada día ocurre, desde lo más trivial a lo más trascendente.

O, ¿no es un misterio las personas que se enamoran cada día y se dejan seducir por lo tremendo y lo fascinante de la nueva relación que se inicia o se perpetúa? O, ¿no es un misterio cómo alguien nos ha revelado la forma de poder comunicarnos a cualquier distancia en el planeta, no es tremendo y fascinante? 0, …