Inmigrante, delinque

Empezaré la historia llamándote “H” porque en Español no se pronuncia pero en otros idiomas sí tiene sonoridad, como en el árabe o el inglés por ejemplo. H es un chico inmigrante que llega a España, la razón por la que lo hace la consideramos cualquiera de nosotros: soñar con un mundo mejor, viene engañado, sus padres le envían para que gane dinero, a trapichear… Bueno eso último a mí me cuesta escribirlo, eso lo has dicho tú, querido lector o lectora.

No os había contado que H era menor cuando llegó a España.
Al escribir estas líneas,en los Medios de Comunicación, nos cuentan los problemas que hay con los MENAS (menores no acompañados) http://www.telemadrid.es/programas/telenoticias-1/Comunidad-llegado-menores-extranjeros-acompanados-2-2102809730–20190312032444.html pero cuando yo le conozco ya no lo es, tiene 18 años.

La Administración Autonómica correspondiente le facilita un NIE pero que, cuál vuelve a ser mi sorpresa un montón de años después de tratar de ayudar a inmigrantes, sólo le autoriza a “residencia”. Acudo con él a inmigración y efectivamente, sólo puede residir en España a no ser que tenga una oferta de trabajo de un año a jornada completa (ah, bueno eso es otra cosa porque aquí el trabajo sale a patadas y en unas condiciones buenísimas) disculpad mi ironía pero no podía dejar pasar el momento. Si puede residir en España que sea en las mismas condiciones que cualquiera, ¿no? Quiero decir que si encuentra un trabajo le paguen, cotice, tenga derecho a la Seguridad Social… Eso sí sería una inclusión, pero nada más lejos de la realidad.

Mientras seguimos de “papeleo” nos encontramos con otra traba en el camino. Puede residir en el país y debe tener una especie de seguro pero no tiene derecho a la asistencia sanitaria. Querido H no te pongas malo por favor.

Seguimos con la burocracia puesto que encontramos un curso que le permite tener unas prácticas en empresa, no requiere de mucha especialización y sí posibilidad de empleabilidad. ¡Genial! Bueno no tanto. Necesita estar inscrito en Garantía Juvenil. Un mes hemos estado para poder inscribirse porque cada vez que acudíamos a la Tesorería de la Seguridad Social el sistema estaba “colgado”. Horas y horas, paseos y paseos, hasta él iba sólo, ya le conocían. Finalmente no puede acceder al sistema de solicitud de clave permanente por un problema con el NIE, es un caso muy extraño, nos dicen, le ha tocado a él. En esas mismas oficinas encontramos a unas personas amables que nos buscan una solución: hacer esa inscripción por medio de un Certificado Digital.

Después de una semana y H acompañado por personas que en teoría al menos entendemos algo de burocracia, puede tener su certificado, estar inscrito en Garantía Juvenil y comenzar el curso.

Mi reflexión: ¿qué hubiese pasado si H no hubiese estado en un Proyecto social en el que se le apoya en su independencia? ¿Cómo un chico de 18 años que lleva un año en España, por esfuerzo personal entiende muy bien el idioma, puede valerse por sí mismo? ¿Cómo puede acceder a su sueño que no es otro que trabajar?

Querido H bienvenido a la Jungla.

Queridos gobiernos Autonómicos y Central. Hay formas de integrar al inmigrante dándole oportunidades para poder acceder a una inclusión social y nada mejor con el acceso a un trabajo que le permita ingresar dinero, cotizar, pagar impuestos… Si no somos capaces de realizar esto, por humanidad, quizá fuera mejor que retornaran a su país de origen. Pero eso, queridos burócratas, es una decisión que sólo pueden tomar los valientes.

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28 de abril

Se acerca el día de las elecciones a la presidencia del gobierno de España y no encuentro un partido con el que me identifique; es más, creo que, de los partidos con más opciones a tener representación parlamentaria, sólo uno de ellos tiene las ideas muy claras, por ello está en boca de todos.

La derecha está más plural que nunca y están jugando una partida a la que no estaban acostumbrados puesto que daba igual quien estuviera al frente ya que su electorado votaba al Partido, al único partido. Ahora tocará negociar, y a eso el patrón no está acostumbrado, porque él manda y ordena, no dialoga.

El partido llamado a gobernar la izquierda no tiene quien le gobierne, o mejor dicho él sólo quiere gobernar, cueste lo que cueste. Ya lo hizo en una ocasión. La iniciativa venida de la calle como propuesta nueva ya no lo es, se apoya en un “líder” que apuesta por su imagen como reclamo de votos. Ya no existen asambleas ni participación en la calle, es lo que el cacique plantea, ordena y manda. Me resulta curioso que el partido con más participación ciudadana haya sido incapaz de presentar una candidata a la presidencia, eso sí hubiesen sido hechos y no palabras. Por no hablar de mi antigua querida Izquierda que no está unida sino disuelta, gracias a un líder que no quiso arriesgar sino replegar las huestes.

Los partidos nacionalistas tampoco presentan un ideario claro. Ya no son noticias los separatismos, independentismos… sino que están al acecho de ver lo que ocurre para “negociar”. Porque esto es lo que no están acostumbrados a hacer nuestros políticos, puesto que sus ciudadanos tampoco lo sabemos hacer. Ya no hay dia-logos sino que en los debates se imponen los insultos, los gritos y la no escucha del que está hablando contigo. Corren tiempos en los que no se participa ni en las reuniones de vecinos, las asambleas de socios… eso ya lo harán otros y luego sí, protesta tras protesta. Esto se traslada a los campos de fútbol de adultos, niños…

Otra reflexión que me surge es la de “¿dónde están los ancianos, nuestros mayores?” Ya los griegos tenían un consejo de ancianos que formaban el senado, la gerousía, en la que se apoyaban para la toma de decisiones. Hoy en día nos hemos olvidado de nuestros mayores a no ser que sea para cuidar de nuestros hijos o para que puedan llenar las residencias de ancianos (geriátricos) y así estar cuidados y dejarnos descansar. Ya no se ven a los ancianos en los bancos de los pueblos hablando sobre la vida, a mí me encantaba sentarme con mi abuelo en Ciñera y escuchar cómo hablaban de la vida, de lo que les había llevado hasta allí, y yo como espectador privilegiado. En estas elecciones no hay hombres mayores, sólo gente joven, todos los candidatos jóvenes y guapos aunque insuficientemente preparados, fiel reflejo de nuestra sociedad en la que una imagen vale más que mil palabras.

Como votante estoy en un momento que jamás me hubiese planteado, en una encrucijada. Como ya he escrito en otras ocasiones me considero una persona de izquierdas en cuanto a los planteamientos políticos y cristiano en cuanto a la manera de ponerlos en práctica, tanto en mi ámbito personal como comunitario. Considero que el comunismo cristiano es la mejor manera de poder poner todo en común y de presentar un estilo de vida que ya triunfó, el del amar hasta el extremo, estamos ahora celebrando la Pascua durante 50 días nada menos.

Como cristiano sólo la derecha parece tener cabida para mí. La izquierda no parece estar por la labor de acogernos en su seno, ni siquiera de permitirnos acercarnos a esos planteamientos tan nuestros. Es cierto que en la Iglesia Católica existen planteamientos de todo tipo y que hay personas que entienden su cristianismo de diferente modo, igual que su vida política. Quizá es el momento de plantear un partido cristiano de izquierda que nos permita dar voz a muchas personas que todavía no han descubierto diferentes vías para poder vivir de un modo más acorde lo que viven en la fe. Jesús nos encargó “id y predicad la Buena Noticia” no nos dijo cómo pero sí nos dio un ejemplo de vida para poder llevarlo a cabo.

Echo el guante para que alguien pueda recogerlo, o quizá yo mismo tenga que hacerlo. Hasta entonces mi voto de este domingo será en blanco, como está mi cerebro ahora tras tanta propuesta vacía y hueca, ante tanto insulto y poca propuesta.

Yo confieso…

Yo confieso…

que  desde el año pasado he estado impartiendo clases de Religión Católica, el curso pasado en la Enseñanza Pública y el presente en la Enseñanza Concertada. Yo confieso que en ningún momento requerí la partida de bautismo, ni un certificado de la Primera Comunión, ni de la Confirmación, ni obligué a nadie a ir a Misa los domingos, ni a confesarse, ni siquiera rezamos en clase. Simplemente impartí una asignatura en la que lo más gratificante que he escuchado es: “nos ayudas a pensar”.

Queridos demagogos que pretenden que la Religión salga de la Escuela por fútiles razones. ¿Es tan complicado dejar pensar a los jóvenes, a los niños? ¿Es tan abominable dejar un espacio a la espiritualidad de cada uno y que cada cual decida después sobre qué hacer pensar o sentir en su vida? ¿Sería conveniente que los niños que no crean en las matemáticas dejen de estudiarlas, los que crean que leer y escribir no les va a servir de nada dejen de estudiar Lengua y Literatura? ¡Ah, no que eso sirve para la vida! Claro para que te den bien la vuelta en el supermercado o para poder hablar bien y ser un youtuber, o influencer. ¿No estaremos cayendo en el Utilitarismo? Lo que es útil vale y lo que no, lo desecho. Cuánto riesgo conlleva esto, puro consumismo.

Me ha preocupado desde hace un tiempo la pérdida en el Currículum Escolar de asignaturas como filosofía, dibujo, arte, música… precisamente las asignaturas que nos ayudan a pensar lo abstracto, a imaginar nuevos mundos, a crear nuevos espacios… ¿Se imaginan a un Aristóteles al que sólo le hubiesen permitido trabajar en algo práctico? ¿O a Leonardo da Vinci sin la capacidad de pensar, diseñar, crear? Y estos son dos de los que han destacado pero cuantas personas habrán dedicado su tiempo a imaginar, idear nuevos proyectos y objetivos y no están en los libros de historia ni en los Premios Nobel.

Los gobiernos de turno (no he querido ni mirar que número será la siguiente reforma educativa) no se preocupan por la educación sino por los votos y por tratar de desbaratar todo lo hecho con anterioridad. ¿Por qué sólo ocurre esto con la Educación? Porque es muy importante y básica, porque mueve y remueve conciencias, y porque conviene dejar las mentes adormecidas y dedicadas a lo útil, a lo práctico… no sea que a ciertas personas les dé por pensar que el sistema ejecutivo, legislativo o judicial pueda ser diferente y haya que bajarse del carro. Cada vez llegan a “ese gobierno” personas “sin experiencia de calle” sin trabajar en empresa privada o pública, rápidamente sentadas en sillones con la capacidad de decidir pero a las que se les dice que no pueden hacer nada, que las cosas son así.

Pues bien, reivindico que las cosas pueden ser así, o asá. Que siempre hay posibilidad de cambio y que todo es un ponerse en camino. Los cristianos de esto sabemos mucho porque la fe nos exige plantearnos dudas y seguir adelante, confiar, fiarnos y seguir pidiendo y transformando la sociedad. Es cierto que cometemos errores pero son más los aciertos, lejos, eso sí, de las parrillas de los medios de comunicación.

La religión puede salir o no de la Escuela pero estará siempre en la vida. Se han preguntado quién sigue sustentando el llamado Tercer Sector. Sí, el de las personas que no tienen tantos recursos y que siempre se han acercado a la Iglesia a pedir ayuda. ¿Por qué confiarán en quien se acerca a ellos y no en los que más tienen? ¿Por qué los que menos tienen confían más en la Iglesia y los que más tienen quieren “deshacerse” de ella? Un cristiano que se acerca a un “débil” siempre es acogido, confía en él. Un cristiano que se acerca a un rico o poderoso hace desconfiar, porque le va a interpelar.

A mí tío y padrino

Querido Juan:

Que rápido te has ido, todavía no acabamos de creernos que no hayas podido ganar esta batalla, que no vayas a estar más entre nosotros y hayas emprendido el camino hacia el Padre, a volver a estar con tus padres y seres queridos a los que nos dirigimos sin verlos, desde nuestro amor incondicional. Como me dijo estos días un gran amigo “seguro que ahora os escuchará perfectamente”. Pues por eso te escribo, para que me leas y me oigas.

Mis padres te eligieron para que fueras mi padrino y no puedo estar más orgulloso de esa decisión. Te recuerdo en cada una de las celebraciones, siempre en la distancia,  apoyado en tu cacha, siempre…. sonriendo. Y ahí te seguiré viendo cada día, en la distancia, con tu sonrisa. Ahora toca sentirte de otro modo, ya no te podré abrazar y besar. Recuerdo cuando te propuse ser mi padrino de confirmación y me dijiste que sí, dudaban de si serías capaz, si entenderías. Cuando me adentré en el pasillo y encontré tu sonrisa, tu mano sobre en mi hombro y caminamos juntos henchidos,con la mirada alta, altaneros y mi corazón loco de contento, pronunciaste mi nombre y sellaste un pacto de amor incondicional entre nosotros dos.

Te echaré mucho de menos (ya lo estoy haciendo) y como yo el resto de sobrinos, hijos de sobrinos y sobre todo tus hermanos y cuñados; sí a esos a los que tanto refunfuñabas, a los que reclamabas tu espacio continuamente. Les gruñiste mucho pero ¡cúanto los has querido! A nosotros en cambio sólo nos dabas tu cariño, tu sonrisa, hasta la propina. Los más pequeños también te lloran y se acordarán con mucho orgullo de su Tío.

Te vas y dejas un vacío no sólo en tu familia sino también en el pueblo que te vio crecer y del que no querías salir. Cuánto te va a echar de menos el “Bilbaíno” en la partida, en las bromas y el cachondeo que os traías a diario.

Podría seguir escribiendo pero me voy a ir despidiendo en estas letras de ti agradeciéndote la gran lección que me has dado de luchar por la vida. Viviste como quisiste y por ello tuviste que luchar mucho. Saliste de muchas por tu tesón y cabezonería, por tus ganas de vivir. Por eso nos ha pillado tan desprevenidos, pensamos que sería una más, que volverías a salir caminando como cuando te dijeron que tras la operación de cadera seguro que no podrías volver a andar.

Ha sido todo muy rápido por eso necesito escribirte y seguir llorándote. Es verdad que a medida que pasan los minutos, los segundos… los recuerdos positivos se van sedimentando en mi corazón, se alejan ya los hospitales, tratamientos… porque así te voy a recordar, sonriendo eternamente.

Querido tío, nos “vemos” en la siguiente “Tiada-Primada”, en la Primera Comunión de Celia… nos vemos dentro de un rato. Te quiero para siempre.

Que 20 años no es nada…

Que 20 años no es nada…

Seguramente cuando este escrito salga a la red tú estés ya fuera de los focos, de los aplausos y las sonrisas de este domingo y lunes pasado. Ha concluido el espectáculo, lo novedoso y la puesta en escena de tantas y tantas horas dedicadas a preparar este evento. Pero tú, educador y educadora de Cauce, seguirás al pie del cañón, dando ese 100% rutinario, del que da sin esperar nada a cambio, tan solo la satisfacción del trabajo bien hecho, de haber podido sensibilizar a alguien.

Se acaba el tiempo de la puesta en escena, de la aglomeración de personas deseosas de conocerte. Vuelve la rutina, la de esos chicos y chicas que han hecho posible que esto sea una realidad, y a los que con tanto celo guardas en el anonimato público pero que bombean tu corazón.

Recoges todo el material, cruzas sonrisas con tus Compañeros con la sensación de que son algo más que compañeros, que se han ganado tu aprobación, tu cariño… con su estar ahí, siempre están ahí. Así se formó la identidad de este Programa Cauce, proporcionada en cada abrazo, en cada mirada, en cada beso… que se transmiten a cada persona que acude a vosotros, sea el motivo que sea, simplemente van.

Gracias por el trabajo bien hecho. Porque pese a toda esta visibilización del trabajo de estos días, habéis seguido dando el callo, sin bajar ni un ápice ni la guardia ni la ilusión en vuestra labor rutinaria. Hoy ya no hay bambalinas, pero recordad a la cantidad de gente que habéis sido capaces de movilizar, de tocar en lo más profundo de sus corazones.

Recoged sin prisas, deteneros en cada detalle de lo realizado. Recrearos en cada sonrisa, en cada aplauso recibido. Miraros y reconoceros cada uno de vosotros en lo que sois, en lo que forjáis cada día en vuestro trabajo, cada semana, cada mes, cada año…

El mundo os necesita, la ciudad de León os necesita. Lejos ya de esos aplausos. En vuestra labor callada del día a día, en el acompañar vidas, en la sonrisa, en la acogida…

Son muchas vidas las que acompañar. Yo hoy sólo quiero agradecer la vuestra.

Muerte, ¿dónde tu victoria?

Muerte, ¿dónde tu victoria?

1 Cor 15. 55 “¿dónde está, muerte, tu victoria?” Empiezo con una cita bíblica una reflexión ante la consternación por lo acontecido la pasada tarde en las Ramblas de Barcelona. Rompo una lanza, no violenta, en favor de las religiones, sobre las que tanto se polemiza, a las que tanto se machaca y persigue, y de la que tantos personajes a lo largo de la historia se han aprovecho del desconocimiento, del miedo o de una fe infante de tantos feligreses.

La religión proviene del término “religere” que significa “unir”. Una unión que no implica ni sumisión ni dependencia sino la relación entre partes. Las religiones han sido utilizadas y empleadas con fines no siempre legítimos, no con la intención de sus fundadores o de sus textos revelados, y en la mayor parte encerradas en la mitología que no acompaña a la unión, sino al temor o al reducto.

Si a esto añadimos una falta de interés por las preguntas últimas (yo diría que son las primeras) sobre el sentido de la vida que cada persona debe plantearse en su vida, y que la filosofía ayuda a plantear; nos quedamos en un mundo fatuo, vanidoso y que camina hacia la deriva de no se sabe bien qué. Estamos a merced de intereses económicos y consumistas que han aniquilado los criterios éticos por los que se regían las culturas: “honor” gritaba el Rey Arturo a los Caballeros que le seguían libremente. ¿Dónde quedan nuestros intereses? ¿Dónde la comunidad que se preocupaba por el que estaba al lado? Ahora no nos conocemos ni en el bloque de vecinos en el que vivimos.

Insisto en la reinvidicación de la filosofía, la religión, el  arte, la música, la poesía… en la enseñanza, sea pública, privada o concertada. Una educación plural que nos permita poder enriquecernos en vocabulario, ideas, seguridad, política… en saber interpretar lo que nos rodea para que no nos abrume ni nos apabulle, para saber qué hacer con nuestras vidas.

Debemos ser efectivos técnicamente para poder ser competentes en nuestros trabajos, pero también con capacidad para pensar y expresar un mundo diferente, en el que quien piensa distinto a mí no es mi enemigo sino que diverge y debo poder entablar diálogo con él para enriquecernos mútuamente.

Estoy dispuesto y sigo tratando de enriquecerme en un mundo en el que la imagen y la opinión de unos pocos no me obnubile, te animo a hacer lo mismo. Piensa lo que quieras y cuando tengas un rato lo hablamos.

La espesura del bosque

La espesura del bosque

Siempre me han llamado la atención los bosques por esa especie de misterio y de fascinación que me transmiten. Cuando te adentras en ellos parece que el tiempo se detiene, que entras en otra dimensión de la que no tienes el control. En días soleados te abrigan y dan sombra, una sensación de alivio ante el calor persistente. En días de lluvia te puedes guarecer, aunque sea de un modo parcial.

Una vez que te vas adentrando pierdes la referencia de la entrada y de salida, te encuentras inmerso en la nada, rodeado de naturaleza, respirando aire puro, aislado. Pero en este éxtasis natural también aparecen los agobios, las incertidumbres… tienes que decidir si volver hacia atrás o seguir caminando hasta hallar a una referencia, un espacio en el que orientarnos. Ese espacio, el <<lichtung>> (el claro del bosque de Heidegger) se ve como un ámbito abierto por el que se adentran los rayos de luz, o la lluvia, la mirada hacia lo otro, hacia el cielo. El lichtung nos aligera de la carga, nos hace ver el bosque de otra forma, el espacio que nos permite ver de otra manera.

Hoy en día son muchos los bosques espesos en los que nos adentramos cada día, cada mañana. En nuestros trabajos, en los que no vemos nada más que espesura; en las ciudades en las que vivimos, con enormes edificios que nos atrapan; en nuestras familias, en las que vemos más dificultades y enfermedades que virtudes y alegrías.

El lichtung no siempre es espacio físico, a veces son personas que nos iluminan, que nos alientan, que nos ayudan a ver el espacio y el tiempo de otra manera. Piensa en cuántos momentos de lichtung dejas pasar cada día, cuantas personas o claros en el bosque no vemos por ir deprisa, por encerrarnos en nuestra espesura sin querer avanzar, detenidos en la misma historia, en la misma problemática, en el no avanzar. Puede que sea un estar acomodado en esta situación y no querer salir, o ni siquiera planteártelo.

Te invito a buscar tu lichtung, a encontrarlo, y a que te ayude a ver el bosque de otra manera. ¿Aceptas?